lunes, 6 de septiembre de 2010

Descalzo en el Reino de la Tierra (1)




















Mis pies
son los barcos que la aurora fleta.
Ellos parten
cuando la noche abre sus ijares
y llena de lunas
los vientres de las jóvenes que sueñan
con su andar descalzo entre los trigos
con su nublarse las miradas
al caer el silencio de la eras.

Cuando vuele
el último pájaro nocturno,
recorreré descalzo
cada uno de los rostros
grabados en la enereida tierra.
Mis plantas
se hundirán en los pozos asombrados
en los guaduales azules del espacio.

Las muchachas descalzas
danzarán enloquecidas
como ofrenda a la luna.
De sus vientres
saldrán luces azules,
peces morados
y sueños pardos
que se unirán a las estrellas.

Mis pies
recorrerán el camino de los sueños
y la tierra caliente de la noche
donde la luna
soltará sus enjambres
de dragones alados...

Han nacido ojos en mis plantas
y con ellos
puedo ver las íntimas hilachas
de las auroras de la tierra.


Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Fuego (7)
















Descalzo
he llegado al séptimo fuego
aquel que no cesa
y cuyo ardor
es igual al calor de mi carne

Descalzo
transito los fangos de aquellos
que se hunden en las llamas
Cuando el tiempo transcurre
y los insectos de la angustia
muerden sus pechos,
las carnes se derriten
y sólo quedan sus abiertos ojos
latiendo,
pendiendo
de la brisa húmeda y caliente
que rodea el planeta del séptimo fuego.


Los hombres
serán entonces extrañas flores,
contraechas
pequeñas, retorcidas.
Las recorrerán mis pies desnudos
como a leves tumores
en la piel de la tierra

Algunos al principio
enfrentarán el fuego
llenando los crepúsculos
de alegrías y furores fantasmales
Luego se volverán sobre sí mismos
abrirán los labios en un leve susurro
observarán mis pies descalzos
entre las brasas
y musitarán una protesta
para luego
quemarse
deshilacharse
ennegrecerse
en los blancos gusanos de las llamas.

Más tarde
se abrirá la sombra de un desierto
en que mis pies desnudos
transitarán una estrella imaginaria
cuyos vértices crearán otro espacio
y otro tiempo
y mis quemadas plantas
descubrirán la hierba el agua, el mundo
que habrán vomitado las estrellas.

Gocho Versolari.

Descalzo en el Reino del Fuego (6)




Mis plantas braman.El ojo
que tengo bajo la almohadilla
es ojo y boca y grita
entre invisibles resplandores
de la suave noche.

Mis pies anhelan la tierra;
la desnuda humedad de los insectos
como el enfermo la salud,
el suicida la muerte
y el reo su regreso a casa
con los pies desnudos
sintiendo el linóleo
y las narices abiertas
para el aroma del café.

El júbilo de mis pasos
descalzos, desatados
enciende la hierba seca
y desparrama el fuego en las laderas,
en los prados,
en el corazón de los animales
que pastan bajo la luna
guardando en sus miradas
la totalidad de las estrellas.

Carrera descalza hacia la aurora.
Penden ciervos de mis dedos
y los arrojo al arroyo de la muerte
mientras clavo espejos
en mis talones,
en mis tobillos,
en mis empeines
y mis pies reflejan las constelaciones
y arañan la piel amarilla
de cometas, galaxias,
del abismo que me constituye
y los monstruos que alborotan mi sangre
cuando la lluvia se precipita
con la mansedumbre de la furia,
con el odio
que se oculta en el ojo del amor.

Mis pies hacen equilibrio
en el lomo de las mulas de la noche
y guardan las aguas azabaches
y se detienen
en el plateado vientre de los astros.

Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Fuego (5)



Mis metatarsianos
apuntan al sol del mediodía:
desafiantes moles,
en las uñas talladas
el idioma rugiente, las palabras
que engendrarán leones,
caravanas de brujas
untadas con beleño.

Entonces
amaré el fuego con mis plantas desnudas
y la risa del día
se filtrara entre panes,
cimbrará entre las vacas
y beberá culebras
en el atardecer.

Repasaré descalzo las risas cotidianas
y mis fuertes empeines
desafiarán el sol
con los fuegos que se prolongan en la noche
y que auguran las lluvias de mañana.


Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Fuego (4)














Baño mis pies en vino.
Ángeles jorobados
me arrojan el líquido bermejo
y mis empeines beben
y beben.
Son reyes luminosos, coronados
por la embriaguez de los crepúsculos.
Abejas insomnes y veloces
arrojan el dulce néctar de las uvas
sobre mis plantas:
reinas desnudas, coronadas
que destrozan con sus rasgados gritos
los aturdidos silencios de las horas.

Mis pies se hunden en el vino
y estallan totales madrugadas
y agoniza el duende del silencio
y avanzan rojas tardes
entre flancos de estaño,
gemidos de antinomio
mientras la sangre de la tierra
avanza por mis pies
hacia la lúcida fortaleza de mi pecho.
La mítica embriaguez de los insectos
percibe los redondos cascabeles
de las horas finales de la noche.

Ahora,
una estrella se cuela
en el silencio azul de la alborada.


Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Fuego (3)




Tu cuerpo enorme
se dibuja en la hierba.
Tu carne, tu piel tenue
Es la tarde. Descalzo,
camino tu rostro. Mis pies
se hunden en tus tejidos
blandos como la noche.
Al llegar a tu pecho
veo mis empeines
bajo tu trasparente piel.
Tus glándulas nutren la grama
y tu sudor que se evapora
llega a los cielos
y se devuelve en lluvia
tenue
tan tenue
como tus besos húmedos y tibios
cuando corrías descalza
las laderas verdes.

Ahora
mis pies se apoyan en tus pies enormes
y atravieso la herrumbe de los siglos
y saludo el dolor
que mañana
mostrará sus costuras de alegría.


Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Fuego (2)















Mis pies descalzos
buscan los caminos del cielo
con sed de un fuego
que temple el acero de mis venas
y musite en mis dedos
los acordes certeros de la fronda.

Descalzo en carbones encendidos
buscaré la Florencia del Dante
con la cálida brújula
que escondo en mis talones.

Descalzo y remoto
transito el fuego del amanecer
con mis pies anhelantes

La tierra de mi cuerpo
bebe el lenguaje de los cielos
enciende bosques y piraguas,
cuadrangulares crepúsculos inertes
y amaneceres silentes y desnudos.

No ha llegado Virgilio
para que transitemos juntos el infierno.
Descalzos ambos
desde la Alta Antigüedad,
desde secretos y silencios
adoloridos
en la atalaya de las cuevas
en el sol de abajo
en el sol de adentro
en la certeza del anonimato.

Mis pies son los discípulos
de la inmovilidad profunda de los troncos
de la paciencia de los elefantes
de los cañaverales
que día a día crujen bajo el fuego.

Mis pies
guardan la juventud,
anhelan
la tierra toda,
dignos y desnudos
como un grito de carne,
un paquidermo de luz
un puñado de carbones brillante
que la tarde nos arroja
como al descuido.

Ahora
araño mis plantas
con el bordado sutil de las estrellas.


Gocho Versolari