domingo, 5 de septiembre de 2010

Descalzo en el Reino de la Madera (2)




Llegué descalzo al estanque de los vientos.

En un crepúsculo perenne,
se agitaban las brisas,
los ciclones;
todas las bestias pardas
que flotan en los aires.

Llegué descalzo al estanque de los vientos.
Abrí con mis talones las compuertas
y con mis plantas
caminé el aire desatado:
Niños volando en el otoño.
Pichones de medusa
navegando en el viento.

Llegué descalzo al estanque de los vientos.
Con mis pies
derivé vendavales
hacia el lejano sol;
hacia la nada.

Ahora
mis plantas sienten
las agudas fibras de la brisa,
los insectos redondos de los aires
que se alejan,
se alejan
hacia los sueños de sal de las estrellas.


Gocho Versolari

Descalzo en el Reino de la Madera (1)



Descalzo hasta la entraña,
hasta el límite del cuerpo
hasta el lugar donde el espacio
devora el tiempo.
Allí una tenue alfombra
acaricia mis plantas
y con los oídos de mi empeine
percibo el silencio del mar
y los cantos de los ciegos pájaros
que abren el aire caótico
con sus alas sin plumas.

Descalzo hasta el perinée,
hasta los tuétanos. Mis pies
se vuelven sobre mi costura
y recorren mi adentro:
atoradas angustias
cementerios de rosas,
masacres pajarinas
bajo el negro sol
que asoma y asoma
entre zargazos de azucenas. Mis dedos
beben las orquídeas,
los guantes olvidados
el destello del pan...

...Ahora
camino descalzo el sendero de amatistas
que lleva a tu silencio,
a tu sierpe plateada
a la que tomo de la cola.
Flexiono el pie derecho
y pendo ritualmente: mi cuello roto
y debajo ,
mis pies desnudos, blancos
y el agua de tus ríos,
corriendo por la carne de los sueños
y atorando
y ahorcando,
la música silente
que un niño deforme compusiera
más allá de los cielos.

Gocho Versolari

sábado, 4 de septiembre de 2010

Descalzo en el Reino del Agua (8)



Mis pies se hundieron en la luz
y camino los albañales
con relucientes e invisibles botas
que dejan ver la gloria
de mis empeines, mis talones
pisoteando en la sombra
comadrejas fantasmas,
madrigueras de ratas
que huyeron al mundo de las sutilezas
y se arrastran en el atardecer.

Las narices de mis plantas
huelen los cadàveres
que la noche arroja
en su orgìa de sombras y entreluces

Ahora los caminan:
rigor mortis a las tres,
flaccidez a las cuatro...
Atraviesa un cometa
la sombra de las cinco:
con forma de pie rojizo y triste
derramando sus làgrimas
sobre el ojo que grita
en los metatarsianos...

En lo profundo
mis plantas beben la intimidad del cielo
desde los manantiales de la tierra.

Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Agua (7)




















Mis pies gloriosos
pisan desnudos el agua de los siglos,
avanzan
sobre cuadrados maremotos
sintiendo en las plantas
el frío negro y salado de las costas.

Días helados
servirán de cortejo a mis empeines.
La nieve coronarán mis plantas
y cada dedo
será un grito triunfal
en el crepúsculo.

El invierno del mundo
llegará con su carga de fantasmas
y la senda del agua
que no deja de fluir
me llevara de un mundo
al otro
con estos pies que tiemblan
ansiosos de alboradas y senderos,
de besos,
de nocturnos insectos
de ratones de luz
entrando y saliendo por las plantas

Los veré en el alba
cuando un ciego taña la campana de la iglesia
y los niños corran en el gran mediodía
descalzos en la fronda,
tocando con las puntas de sus pies
el otro mundo.

Allí también el agua
murmurará su canto y sus cadenas
enhiestas en la noche,
cansadas en las tierra.

Un horizonte de fuegos
asoma entre mis pies.
Y sólo hay sombras.

© Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Agua (6)





Tus pies se depositan en mi sexo;
cansada,
suavemente.
Tus plantas juguetean
con el pequeño animal
que busca otear el horizonte.

Sueños de empeines
gelatinosos.
De plantas
agrestes y agresivas
jugando a los contrastes:
lo pequeño y lo suave,
lo grande y lo monstruoso.
En la noche escupirán volcanes;
su jugo ardiente
guardado por milenios.

Los chorros de la madrugada
se arrojarán hirvientes sobre el cielo.
Tus pies
beberán con sus mil bocas
el jugo de la vida.

Descalza,
recorrerás mi esencia
cuando brame la muerte de mañana.
© Gocho Bersolari

Descalzo en el Reino del Agua (5)


















Me encaramo descalzo
en los estigmas de la noche
y camino
sobre los muros de la luna.
Mis plantas atraviesan
el dolor del estanque,
las penas de los ríos;
los olvidos
de los caminos que se pierden en la sombra

Mis oídos se ensordecen
con los coros de voces
muertas y vivas.
Aprenderé a recorrer descalzo
las sutiles barandas de los ruidos,
las negras gotas
que bajan por lóbulos sordos.
Mis pies aplastarán el cansancio
de un universo sin sonidos.

Siempre descalzo,
horadaré el zumbido de la noche
en el cuarto alambique de la muerte.


© Gocho Versolari

Descalzo en el Reino del Agua (4)





















Camino descalzo
sobre el caviar que tapiza la llanura.
Mis pies se hunden, se levantan
en la borrosa gelatina,
en el sueño de la tierra
colmado de apagados faroles
y de cadáveres flotando en los pantanos.

Descalzo
transito las lejanas aguas
oscuras en sus densidades.
Mis pies brillantes,
enamorados blancos de la noche;
Mis empeines
que recogen la lejana esencia,
aquella que permanece fija,
aquella
que hace palpitar los vendavales.

Mis plantas
la toman suavemente;
la beben como la ambrosía.
Mis pies recogen la eterna juventud,
la semilla de la vida
guardada en mis lumbares.
En mi empeine derecho
brillará la piedra
alumbrando los senderos oscuros,
los caballos negros que se elevan
horadando el centro del planeta;
los potros libres y salvajes
que pastarán entre las últimas estrellas.

© Gocho Versolari