El tiempo
con sus armas de sal,
talla
grita
corre
nuestras cabezas polvorientas
embotadas y hundidas
en corazones de perros y caminos.
El tiempo,
emperador de los silencios
y de las esperanzas,
muerde los flancos de los peregrinos
que se atragantan de viajes
mientras los hipopótamos de la tarde
retiran de los cielos
la luz en capas,
adelgazan el sol
y lo hunden al otro lado del mundo.
Llueve.
Furiosamente
las gotas
perforan tus sueños
y te llevo conmigo
muchacha inválida
de esperanzas y pájaros.
El tiempo
se encargará de corroer las piedras
y de abrir las bocas de los sapos
y de los moribundos
que cantan en los jardines agobiados
de un mundo
donde se disuelven los países
y las golondrinas mueren ritualmente
cuando la primavera acaba.
Ahora
duelen las piernas de la noche
al caminar mi pecho y mi silencio.
Gocho Versolari
con sus armas de sal,
talla
grita
corre
nuestras cabezas polvorientas
embotadas y hundidas
en corazones de perros y caminos.
El tiempo,
emperador de los silencios
y de las esperanzas,
muerde los flancos de los peregrinos
que se atragantan de viajes
mientras los hipopótamos de la tarde
retiran de los cielos
la luz en capas,
adelgazan el sol
y lo hunden al otro lado del mundo.
Llueve.
Furiosamente
las gotas
perforan tus sueños
y te llevo conmigo
muchacha inválida
de esperanzas y pájaros.
El tiempo
se encargará de corroer las piedras
y de abrir las bocas de los sapos
y de los moribundos
que cantan en los jardines agobiados
de un mundo
donde se disuelven los países
y las golondrinas mueren ritualmente
cuando la primavera acaba.
Ahora
duelen las piernas de la noche
al caminar mi pecho y mi silencio.
Gocho Versolari
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